viernes, 13 de abril de 2012
Mujer-pez
No hay como el invierno para ir quitándose las escamas, le dijo. Las escamas son cosa dura, si es que hay cosas realmente (honestamente) duras. El invierno la obliga a usted a replegar, hibernar. Sí, nosotros también hibernamos - contestó. No me diga que se cree supra-animal, como si no cagara y no le hirviera la sangre de instintos primarios. Esa es nuestra premisa, su estado animal. Entonces hiberna.
Y toda esa escama, úsela. A eso iba. Llénese de escamas mientras no haya zacate visible. Sumérjase en las capas y capas de noséqué, hasta que duela la clavícula (ahí es que duele, se lo juro). Eso dura unos dos meses o treinta minutos, que es lo mismo.
No hay como el invierno, le dijo. Sobre todo (y esto es vital), no espere que haya primavera. Hay pocas cosas tan inútiles como esperar la primavera.
Va a ser un día cualquiera que note una escamita en el sillón, otra en la tapa del inodoro. Y es simple, va viendo zacate. No salga corriendo como loca a tirarse a ver el cielo a gozarse a correr. Recoja todas las escamas, como si de cada una dependiera su vida (porque depende). Y las guarda en el lugar más seguro y más bonito de su casa.
Porque no se vale llorar en primavera.
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