martes, 27 de mayo de 2008

Sara de Miguel

"Abuelito, leeme un cuento" decís inocente. Y el abuelo con paciencia lee. ¿Quién es él? No reconozco esa sonrisa, los abrazos. Miguel debe estar ahí, probándome.
Fui, soy, y seré su esclava, pequeño, entiende, porque ya no sé que más ser. (Su piel se encarnó en la mía como la de la ballena al parásito). Me extraña el sonido de su voz - solo conocía los gritos, o el silencio escabroso. Ni siquiera me acostumbro a oír mi nombre.
No me malinterpretés, no te guardo rencor. Como dejé de existir no tenía donde poner el odio. No sé si tu madre lo tuvo como hombre, o si también conocía a la bestia. Pero ahora ella se ha ido. y quedás vos. Ya aprendí a vivir en la adversidad; si no fuera porque espero que despierte en cualquier momento, diría que esto es el paraíso.
Miguel me consumió tan lentamente que apenas me di cuenta de lo que pasaba. Los días suspirando, la vida entera temiendo. Parece otra Sara la que reía con sus amigas. Ya Sara murió. Él, mi amo y señor; conocí la resignación. Ahora dice ser uno nuevo, pero no puedo evitar el miedo - verás mis reservas.
Pequeño, andá vos que no conociste a la bestia. Y entendé mi silencio.
Publicado por Ana I. en 7:57 |  

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