martes, 26 de agosto de 2008

Valle central: parcialmente nublado

La lluvia no se ve, ¿te has dado cuenta? Tampoco se vio en qué momento nosotros, imaginate, de todas las personas, nosotros. A nadie le pasó por la cabeza.
Yo siempre andaba en otras, vos sabés como soy. Indomable si se quiere, o miedosa. Y vos, sos vos, no ibas conmigo.
Me gusta pensar que cuando éramos pequeños sembramos la semilla - aquel día que jugábamos en el simulacro de casa del árbol. Vos sos la mamá, yo soy el papá. (En ese entonces no le dábamos pelota a discursos de género, y qué es misógino y qué machista y qué determinista, si vos llegabas del trabajo y yo te daba un beso. No, un beso no, no me atreví a meterme en personaje - se me pegó de cuna la maña de no acercarme a nadie).
Si alguien me dice que me enamorabas con rosas le grito que ni siquiera me gustan las rosas.
Doce, rojas, que no habías comprado para mi, que te ayudé a escoger. Esa no, demasiado vieja, las que están muy abiertas no sirven, se marchitan rápido, como las putas. Te reías sonrojado, pero es cierto. Ahora me doy cuenta de que fue esa risa la que derrumbó mis defensas. Porque cuando el viento te arrebató las benditas rosas y corrimos tras ellas y nos vimos. Nos vimos. Nos vimos diferente.
No llovía, porque más trillado no hubiera tenido efecto, ni hacía sol.
La sal que se me había quedado encapsulada en la comisura del labio te la regalé con gusto.
La lluvia no se ve, ¿te has dado cuenta? Y vos solo veías que tengo los ojos caídos, porque nosotros tampoco nos veíamos. Qué sé yo, algo tienen las rosas que ríen.
Y qué con la que no recibió las rosas y qué con la inversión en murallas y qué si vos sos vos y yo soy yo.
Publicado por Ana I. en 20:24 |  

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