martes, 2 de septiembre de 2008

Rezagos

Tengo que decirte algo. No se cómo, o cuándo, pero me enamoré. No, no me enamoré. Bueno sí, pero no sé si de vos. De la idea de vos, de que pasáramos tardes y noches y mañanas en vela, vos leyendo, yo leyéndote. En una cama de sa(á)banas blancas bañados de luces de colores que eran amarillas.
Y escribíamos poemas al aire y nuestros pies se olvidaban del lápiz porque éramos el lienzo. Proclamábamos el Apocalipsis de los días de uno. No sé cómo ponerlo, no fue mi culpa, te lo juro que no fue mi culpa. No lo planeaba y seguro vos tampoco, esto de que me enamorara.

Convertí los pleitos en besos y los recuerdos mutaron en el desorden que llamo mi conciencia. Porque no sé si te había contado pero lo que tengo es un montón de hadas ahí adentro, y las mantuviste ocupadas.

Dame tiempo para borrarte de mi memoria celular y expropiarte de mi sangre, y después me daré cuenta si puedo verte a los ojos y no sentir que se me abre la garganta.
Esque esta no soy yo. No creas que ando por ahí robando boronas ajenas o pintándote en las paredes. Solo lo hago en secreto. Pero a veces no se puede.
No se puede porque necesito poner a las hadas a trabajar, hay mucho que hacer y estás acaparando gran parte de la producción. Así no se puede. Ineficiencia es esto, que te lo diga la teoría económica para no decírtelo yo. Bastante costo y el beneficio es imaginario – porque la tierra está muerta, el capital quedó obsoleto y el trabajo no vale.

Mendigo por tus calles y quiero morir de hambre, porque si me das siquiera una mirada me quedo mendigando por los siglos de los siglos amén, y así no se puede. A nadie le gustan los mendigos.

La cosa es que la idea de vos se parece mucho a vos. Tienen los mismos labios y el mismo tono. ¿Y cómo hago para desterrar a esta y a la otra? Cómo hago para coserte la sombra a los talones y dejarte salir por la ventana para fingir que aquí no ha pasado nada. Porque aquí no ha pasado nada y no va a pasar. Nada porque nadie sabe qué pasa, porque la puerta venía defectuosa y las hadas no dejan pasar a nadie. No te confundás, lo que hay, ni siquiera es tu sombra. Pero basta. Basta para reducir las ganancias y aumentar la desigualdad entre deseo y realidad. Basta saber que hay algo que se parece a algo que se parece a vos rondando por esos campos para huir a ellos siempre que se pueda.
Que no me venga Freud a decirme que estoy loca. Si no es loca, es desubicada, porque me perdí donde estabas y no he podido encontrar el camino de vuelta. Y a veces dejo de buscarlo. Me acuesto en las lomas y te traigo a mi costado, de mi costilla y de tu costilla y de las manos de los dos. Te releo y me aprendo las frases escritas con el polvo.

La vida nos da musas y tal vez eso fuiste, eso sos.
Publicado por Ana I. en 20:01 |  

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